{"id":417,"date":"2007-02-14T16:27:23","date_gmt":"2007-02-14T15:27:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.mujerlive.com\/index.php\/2007\/02\/14\/la-esencia-del-recato\/"},"modified":"2007-02-14T16:27:23","modified_gmt":"2007-02-14T15:27:23","slug":"la-esencia-del-recato","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.mujerlive.com\/index.php\/2007\/02\/14\/la-esencia-del-recato\/","title":{"rendered":"La esencia del recato"},"content":{"rendered":"<p><strong>1.La esencia del recato.<\/strong> Hay un tipo de mujeres en las que los labios de la cara, al aproximarse a las comisuras, concluyen bruscamente. No es el caso de la boca redonda, sino de un proyecto frustrado de boca ancha o alargada. El ejemplo m\u00e1s notorio es el de la actriz Silvana Mangano, que hizo furor a fines de los a\u00f1os cincuenta. Kurt se pregunta, tras cruzarse en la calle con una joven que muestra esa caracter\u00edstica, cu\u00e1l es la raz\u00f3n de su atractivo. A Kurt ese rasgo le sugiere una precoz madurez, como de joven madre, y tambi\u00e9n una pasi\u00f3n intensa pero comedida, que a partir de cierto momento se hace secreta, se cierra sobre s\u00ed, y lo hace con buena geometr\u00eda, sin brusquedad. Son mujeres de dos velocidades, y los que logran entrar en la segunda pueden verse atrapados en una ci\u00e9naga en la que luchan sin tregua el pudor y la lujuria, sin que, para felicidad del n\u00e1ufrago, venza jam\u00e1s una de ellas. Son bocas casi siempre cerradas, y de ellas, cuando se entra, no hay forma de salir. Si se abren para besar, es que la pasi\u00f3n ha arrollado ya todas las defensas.<\/p>\n<p><strong>2. Imposible objetividad.<\/strong> Hasta hace muy poco era una ni\u00f1a, un subproducto social que asum\u00eda a rega\u00f1adientes el papel asignado a la edad: ser objeto de reproches, vigilancias, reprimendas, bromas. Pero ha bastado una primavera para que le broten las formas y cambien de pronto los ojos que la miran. Profesores, vecinos, sacerdotes, viandantes, guardias, deslizan el deseo por su cuerpo: sus ojos son lenguas de aire que se enroscan en \u00e9l, lo escudri\u00f1an, husmean sus esquinas y pliegues, penden de sus posturas, unos de forma directa, otros de reojo, con el rabillo, o incluso sin mirarla; da igual, sabe que la ven. Las mujeres fingen no enterarse, como si a\u00fan fuera ni\u00f1a-ni\u00f1a, pero hay ya desconfianza en su mirada, un odio peque\u00f1o en la voz, un respeto en las manos que acarician su cara. Kurt, al verla por la calle, codiciada por el mundo que ayer no la miraba, due\u00f1a ya de un lugar y un territorio, el suyo, obligada a improvisar todas las artes de defensa, pero a\u00fan con lenguaje y gustos de ni\u00f1a, rodeada de hombres que querr\u00edan olerla y penetrarla, hundirse en ella, se\u00f1ora de un ancho poder que administrar, siente inmensa ternura por su desvalimiento, casi amor. Pero, al pensar esto, descubre que se le ha puesto dura.<\/p>\n<p><strong>3.El suplente.<\/strong> Mientras fuma un cigarrillo, medio recostada sobre la almohada, con la luz de la tarde en retirada, le cuenta lo que m\u00e1s detesta de su hombre, y hace que est\u00e9 con Kurt: no pierde nunca la compostura; piensa que lo hace as\u00ed para que ella no se acerque al centro de \u00e9l. Como se trata de un encuentro ocasional, e ignora todo de la mujer, Kurt la valora en poco, y no la entiende. El hombre en cuesti\u00f3n, le explica ella, le hace un amor convencional, no en las t\u00e9cnicas, sino en los gestos que aplica al propio cuerpo, que nunca se descomponen ni pierden coherencia, ritmo, estilo: jam\u00e1s parece inerme, pose\u00eddo. El amor f\u00edsico, a\u00f1ade, si es hondo, es una ca\u00edda, un traspi\u00e9s, una p\u00e9rdida de estilo, un abandono al mal gusto, que es lo que queda de nosotros cuando el esp\u00edritu sale fuera. Su esp\u00edritu, en cambio, nunca abandona el barco, y no es posible abordar \u00e9ste a la deriva, vac\u00edo de s\u00ed, lleno s\u00f3lo de sus fantasmas. \u00bfY yo, hago eso acaso?, pregunta algo asustado Kurt. T\u00fa lo finges muy bien, responde ella, eso me excita, y me basta; no deseo conocerte.<\/p>\n<p><strong>4.Formas de ver las cosas.<\/strong> Lo que m\u00e1s atra\u00eda a Kurt era, precisamente, lo que ella tanto se empe\u00f1aba en disimular. Debajo de una figura madura y bien torneada por atuendo y lencer\u00eda, se debat\u00edan formas que, liberadas las sujeciones, escapaban a todo control: grandes y largos pechos todav\u00eda consistentes, que iban cada uno por su lado, amenazando llevarla tras ellos en la inercia de un bamboleo, tres o cuatro cinturas, sobrenadando el vientre tan pronto se sentaba, en las nalgas una morfolog\u00eda que nunca estaba quieta, una querencia de cornisa cayendo de las axilas hacia la cintura. Pero era bella, el rostro preservaba todos sus equilibrios, y esa cierta desaz\u00f3n que mostraba hacia su cuerpo, como si estuviera pendiente en todo instante por aquello que se escapaba de ella, y a veces pareciera a punto de correr detr\u00e1s, no hac\u00eda sino a\u00f1adir inter\u00e9s. Y esto, a\u00fan antes de explorar los mil pliegues posibles, los hilos de humedad que se formaban, la potencia de un jadeo sobre anatom\u00eda tan inestable, la plenitud del descontrol en un cuerpo insumiso. Cuerpo de geometr\u00eda variable, sol\u00eda decir Kurt.<\/p>\n<p><strong>5.El mito guarda la era.<\/strong> Kurt piensa que el feminismo es el \u00fanico cambio verdadero en nuestra cultura, desde que damos ese nombre a lo que se lo damos. El G\u00e9nesis es un compendio de cultura patriarcal, y \u00e9se es el origen convencional del discurso, esto es, de las cosas que existen. Pero la idea de la mujer emancipada ocupa unas pocas c\u00e9lulas en la m\u00e1s reciente l\u00e1mina del c\u00f3rtex. Eso piensa mientras asiste, con repugnancia moral y placer est\u00e9tico, a una corrida de toros, paradigma del ser colectivo, no s\u00f3lo el nuestro, sino el de todo Occidente, raz\u00f3n por la que fascina tambi\u00e9n a otros. Kurt anota al respecto lo siguiente: el ritmo y la cadencia del sexo, m\u00e1ximo 6 toros (heroico), duraci\u00f3n dos a tres horas. Capotazos previos (cortejo amoroso), picador (penetraci\u00f3n), banderillas (juegos duros subsiguientes), muleta (reiteraci\u00f3n de series de penetraci\u00f3n, con variaci\u00f3n de estilos), estocada (orgasmo, a veces de dif\u00edcil logro), vuelta al ruedo (o pitos), arrastre de restos al vertedero, etc. Al propio tiempo un doble cruce: el toro, s\u00edmbolo f\u00e1lico, y el torero, vestido con el ornato de una mujer: he ah\u00ed la fascinante ambig\u00fcedad. \u00bfCu\u00e1nto tardar\u00e1 en formar su propia simb\u00f3lica y m\u00edtica la nueva cultura feminista?<\/p>\n<p><strong>6.Riada.<\/strong> Kurt hace el amor, despu\u00e9s de tiempo de abstinencia, con una furia que cre\u00eda perdida. El puro placer, en el que otras veces trataba de detenerse, separando tiempos, investigando secretas pulsiones, viene rodeado esta vez de oscuros materiales, torpes y agresivos, unas aguas densas, con sangre y excrementos flotando en ellas. Al penetrar a la mujer, tratando de ir m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites, de transgredir su cuerpo y violarlo, se siente ariete de fuerzas que pasan a trav\u00e9s de \u00e9l, un ancho poder c\u00f3smico que se afila en su polla, incandescente como un pararrayos que descarga en lugar de recibir. Esa corriente de vigor arrastra alrededor, imantados por ella, como un cortejo, im\u00e1genes antiguas, trozos de vida, abyectas fantas\u00edas, l\u00edquidos de n\u00e1usea, cr\u00edmenes, historias posibles que dej\u00f3 fuera de la suya, sucesos (no ocurridos) de espanto y belleza. Al caer del trance siente que sale de esa ci\u00e9naga, que \u00e9l queda atr\u00e1s y est\u00e1 hecho de olvido. \u00a1Qu\u00e9 est\u00fapido eufemismo es &#8220;hacer el amor&#8221;!, piensa.<\/p>\n<p><strong>7.La estaci\u00f3n de las flores.<\/strong> De ma\u00f1ana, camino del trabajo, Kurt tiene ante s\u00ed a la mujer. Acaba de romper la primavera y ella viste pantal\u00f3n fino. Las caderas son anchas, expresan el poder de la mujer sobre la tierra, un centro de gravedad pr\u00f3ximo al suelo, a la materia. Kurt, caminando tras ella, trata de indagar, bajo el pantal\u00f3n, el lugar de la braga. Lo encuentra al fin: ci\u00f1e s\u00f3lo el tri\u00e1ngulo central de las nalgas, que rebosan de sus bordes un volumen amplio. Ya no ve el pantal\u00f3n (Kurt est\u00e1 bajo \u00e9l), podr\u00eda asegurar la textura de la braga, y su relaci\u00f3n con la carne: no es la adhesi\u00f3n del algod\u00f3n, ni la distancia de la fibra, es un intermedio, que ci\u00f1e lo justo pero dejando exenta la percepci\u00f3n t\u00e1ctil de la piel. Imagina ahora, siente casi, el olor, tenue, de sexo reci\u00e9n lavado, en el v\u00e9rtice mismo, como el centro de una flor, de aquel juego de tri\u00e1ngulos. Ante el cristal de una esquina en chafl\u00e1n, ve que ella le ve, y le adivina. La mujer sigue andando, y Kurt percibe en ella, en su culo, un matiz muy sutil, una palpitaci\u00f3n, un gusto, como si entrara en el juego.<\/p>\n<p><strong>8.Regreso del cielo.<\/strong> Kurt hace el amor de pie, en el ba\u00f1o. Vamos a la ventana, le dice la mujer. Se acercan, desnudos; le pide que la abra y hagan el amor ante ella. A la misma altura que ellos, en la casa de enfrente, hay unas viviendas en terraza. Kurt quiere satisfacer el ardiente deseo de la mujer, aunque teme la reacci\u00f3n de los vecinos. Le excita esta peque\u00f1a perversi\u00f3n, un exhibicionismo que, en el fondo, piensa Kurt, aspira a que el \u00e9xtasis en que ella est\u00e1 sumida no se quede entre los dos, salga de las paredes de sus cuerpos, vuele, como una nube de polen, o una onda de calor, y llegue a otros. Se ponen en la ventana, ella levanta una pierna y la apoya en el quicio, \u00e9l la penetra. Est\u00e1n movi\u00e9ndose cuando un vecino en camiseta sale a regar las plantas. Los ve, vuelve al interior y sale otra vez con su mujer y una hija, que les insultan (\u00a1guarros!). Ella llega al orgasmo, y, tras caer muy al fondo de \u00e9l, se percata de los gritos, cierra la cortina, vuelve a la cama, se mete bajo las s\u00e1banas y aparta de un manotazo a Kurt, mientras dice: \u00a1C\u00f3mo has podido hacerme esto!<\/p>\n<p><strong>9.A fuerza del libreto.<\/strong> La mujer est\u00e1 llena de pasi\u00f3n, decide que no hay raz\u00f3n para frenarla, le mira con ojos perdidos, desliza su mano de la mejilla de \u00e9l al cuello, lo aprieta contra s\u00ed y dice: Te quiero. Kurt desea poseerla, pero le choca ese amor tan repentino: acaba de conocerla. Van cumpliendo los pasos, uno a uno, y por su orden justo: beso largo, gemidos, succi\u00f3n de pechos, montura, penetraci\u00f3n, cabeza atr\u00e1s (de ella), arrebato, orgasmo, etc. A Kurt le parece estar viendo los planos de una escena en el cine. De vez en cuando ella se muestra pose\u00edda, como fuera de s\u00ed. A ratos salen de sus ojos brillos o rayos como de amor. Al moverse en la cama lo hace sin gestos bruscos, tal si levitara, o el amor fuera un ballet. Kurt sabe que el sexo es la m\u00e1s poderosa regresi\u00f3n, que lleva al fondo de la especie, al aullido primordial, y la cultura del amor, con literatura, expresi\u00f3n corporal y escenograf\u00eda (que cristalizan en conducta), una mediaci\u00f3n entre el hombre y su animal, para que puedan convivir. Pero una farsa tan mal interpretada resulta insoportable.<\/p>\n<p><strong>10.Acto fallido.<\/strong> Kurt la est\u00e1 mirando, echada de medio lado sobre la cama, con gesto que refleja a un tiempo temor fingido, expectativa, deseo, culpa. Le acaba de decir que, si cree que ha obrado mal, puede pegarla. Kurt no sabe qu\u00e9 hacer. Por m\u00e1s que se esfuerza, no siente placer en golpearla. Tampoco quiere privarla de ese gusto; hace ya tiempo le ha dicho que har\u00e1 lo que ella quiera para que goce. Pero \u00bfc\u00f3mo medir los golpes para que colmen el deseo de sufrir, sin ir m\u00e1s all\u00e1 de lo justo? Entonces acude a su mente una escena de hace mucho, con una joven a la que conoci\u00f3: ella insin\u00faa que quiere ser sometida, \u00e9l dice entonces que va a pegarla, deja pasar algo de tiempo y le da unas bofetadas sin fuerza. La chica le da la espalda y se echa a llorar con desconsuelo. Ese d\u00eda, all\u00ed acaba todo. Kurt admite, para s\u00ed, que a partir de un punto no sabe nada de mujeres. Entonces suspira, se acuesta junto a ella y con toda dulzura deja un beso en una esquina de sus labios, con la conciencia de ser un mal amante.<\/p>\n<p><strong>11.Parte final de guerra.<\/strong> Kurt se siente atado a la mujer a la que ama por los nudos de los olores. Sabe de ella todo, de cada uno de sus rincones, y el tacto o la vista no es lo que cuenta. Pero cuanto m\u00e1s sabe m\u00e1s quiere saber, y fuera de su atm\u00f3sfera, de la gama de peque\u00f1os aromas de su proximidad, siente que se ahoga: le falta el aire. Ha intentado romper esa dependencia tratando con otras mujeres, pero en vano. En ellas, junto a olores que le atraen, hay siempre alguno que le repele, o una ausencia de olor donde deb\u00eda haberlo, que convierte en carne muerta aquel cuerpo y le hace apartarse de \u00e9l. Husmea entonces en el pasado y olisquea el recuerdo que le queda de otras, buscando en ellas algo semejante, para no sentirse atado a un solo cuerpo, preso de \u00e9l, cautivo. No lo logra. Al cabo de mucho tiempo ella ha acabado invadiendo todas sus terminales sensitivas. Kurt se siente ahora territorio ocupado, y necesita cada instante la presencia del invasor.<\/p>\n<p><strong>12.En las pel\u00edculas no ocurre.<\/strong> Ella le anuncia una sorpresa. Al llegar, despu\u00e9s de besarle, se encierra en el ba\u00f1o, pide que apague la luz antes de salir, Kurt lo hace, luego enciende y ella est\u00e1 en el centro de la habitaci\u00f3n, con un espl\u00e9ndido modelo de lencer\u00eda er\u00f3tica en actitud cl\u00e1sica de provocaci\u00f3n. R\u00eden en broma, se abrazan de nuevo, y para continuarla Kurt la va amando con los ritos que tal envoltorio pide: beso suave y apasionado en el cuello, descendimiento de un tirante, paseo de los labios entre el pecho y la axila -ella exhala entonces un gemido justo, mientras (supone Kurt) echa atr\u00e1s la cabeza-, descenso del otro tirante, bajada de la copa del sujetador, curso de la lengua en torno al pez\u00f3n, hasta henchirlo, succi\u00f3n suave, luego violenta, hasta que provoque una punzada ambigua (\u00bfdolor?, \u00bfplacer?), bajada del corpi\u00f1o, arduo juego en el ombligo, comienzo del descenso de los labios por la gran pendiente, \u00e9l (de rodillas) afila una mano entre los muslos, roza la puntilla de la vampiresa y&#8230; \u00bfQu\u00e9 es esto?, pregunta Kurt, mientras bajo el negro encaje descubre un &#8220;salva slip&#8221;.<\/p>\n<p>\u00a0link:\u00a0 <a href=\"http:\/\/www.el-mundo.es\/magazine\/num128\/textos\/eroti1.html\" target=\"_blank\">http:\/\/www.el-mundo.es\/magazine\/num128\/textos\/eroti1.html<\/a><\/p>\n<p>Besines de Colorines!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.La esencia del recato. 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