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Décimos de Lotería
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Sitios de Moda
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¿Es posible ganar dinero en Internet sin que cueste trabajo? ¿Ganar dinero sin hacer prácticamente nada? ¿Qué opináis vosotras?

¿Existen fórmulas mágicas para conseguir unos ingresos extras de dinero? ¿Se puede trabajar desde casa por tu cuenta y así conseguir duplicar el sueldo que una tiene? ¿Y ganar dinero respondiendo encuestas? ¿Es verdad eso? ¿Conocéis alguna experiencia?

¿Realmente se puede llegar a ser millonario sin hacer nada?

Son preguntas que día a día dan vueltas por mi cabeza… y no dejo de pensar en ellas… igual un día me pongo…

Felicidad… divino tesoro

La felicidad es algo anelado por todos, por eso digo divino tesoro. Esta mañana me he despertado temprano pensando en muchas cosas que rondan mi mente y sin darme cuenta me he sorprendido a mi misma preguntandome si soy feliz, si puedo ser feliz, y para ello no he encontrado una respuesta de si o no, sino otra pregunta. ¿Puedo hacer la vista gorda de aquello que no me gusta?, y la cosa es, o bien aprendo  a hacer la vista gorda y olvidar, o al menos intentarlo, de lo que alguna vez me hizo daño o ser valiente y cambiar de rumbo…Valentía…divino tesoro

¡Hola a todas! 🙂 

Acabo de dejar un comentario que considero de interés general en el artículo MIR, por lo que os lo reproduzco para todas las redactoras del blog, ¡que sois muchas y va genial!

No considero correcto eliminar comentarios de los artículos que escribamos, a menos que alguien escriba “cállate imbécil de mierda” por supuesto, ya que es un comentario sin sentido que tan solo pretende crear mal ambiente y que no conduce a nada.

Pero…

En mi más modesta opinión, no todo el mundo tiene que estar de acuerdo con un artículo nuestro, es más… de esa manera no se genera debate, y si es eliminado, induce a pensar que no hay argumentos para contrarestar las opiniones contrarias de los demás .

Además, quedan los comentarios descolgados, pues en ese mismo artículo, el usuario “valentin” le contestaba a “pedro”, comentario que ya no existe, y opino que era tan válido como los demás.

Han sido eliminados los comentarios de varios usuarios, y no entiendo el por qué porqué. Si todos hiciésemos eso con nuestros artículos, manipulamos la información real y el debate social que transmite nuestra opinión escrita.

Agradecería que no elimináseis comentarios, siempre es mejor responder que borrar. Borrar es manipular, e intentar hacer ver al resto que todos están de acuerdo con nuestra opinión, lo cual no es cierto y por supuesto irreal.

¿Cuál es vuestra opinión al respecto?

Un saludo!

Encontré al señor Dumbar en el puente que cruza el río que divide la ciudad del afuera. Hacia casi diez años que no lo veía; desde aquella noche en que dijo firmemente que su idea era suicidarse. Recuerdo que aquella vez había varias personas, pero que fue a mí al único que le llamó la atención aquella declaración. El resto de los que estaban en la reunión conocían a Dumbar un poco mejor que yo, y por lo que dijeron, luego de que el se retirara, el hombre solía expresar muy seguido su afinidad para con esa determinación, y que por eso ya nadie le prestaba mayor atención. Además, según me comentaron, nunca le daba tono de tragedia a su declaración.

-Dumbar ¿Se acuerda de mí?

El hombre delgado, de mirada melancólica y transparente, se quedó callado y recorrió mi figura con la vista.

– Nos conocimos en una cena en la casa de Octavio Fresán, la noche que…

– Ah, sí. ¿Cómo anda esa gente?

– No sé señor. Hace tiempo que no los veo.

– Eso fue hace como diez años- dijo Dumbar, y volvió a clavar su mirada en el río oscuro.

– Sí. Más o menos diez años.

– Qué cosa – exclamó – y cómo se acuerda usted de mí después de tanto tiempo.

– Bueno, aquella noche usted había hablado de suicidio y a mí me llamó la atención que…

Dumbar interrumpió el diálogo con una risa apenas sonora – Claro, usted creerá que yo me despido así en las reuniones para que los presentes no me olviden.

Yo sonreí – No, pero de ser así le ha dado resultado. Yo recuerdo el momento en que usted se puso de pie y con toda la seriedad del caso dijo que se retiraba porque se iba a matar.

– Sí. Y ahora estará pensando: este viejo es un cretino mentiroso.

– No. Por supuesto que no. Usted tendría sus razones. Me alegra ver que ha cambiado de parecer.

Dumbar volvió a mirarme y respondió algo turbado -¿Quién le dijo eso?- Luego giro el cuerpo para quedar de espaldas al río y frente a mí.

– Bueno, han pasado diez años.

– Usted se cree que es tan fácil. Que uno dice voy a terminar con esto y termina así como así. Yo nací con ese sentimiento, de pequeño fui a parar al hospital tres veces por saltar desde la cuna al piso. Mi madre, muy religiosa, trato en vano de inculcarme la convicción de que ese tipo de determinación está en manos de Dios. Con el paso del tiempo la vida se fue complicando y, como le decía, las cosas no son tan simples.

– Entiendo.

– Mis padres necesitaban que yo trabaje y así lo hice. Cuando ellos murieron en el accidente del Bahía Dolores, yo pude elegir. Trabé todas las puertas y abrí la llave de gas. Vacíe un frasco de pastillas en mi estómago y acabe con la botella de un whisky que estaba listo para ser abierto sólo para aquella ceremonia.

Dumbar notaba que yo seguía atentamente su relato a medida que el sol se ocultaba en su espalda y desaparecía en el río.

– Algo salió mal. Se escucho un estallido; debió ser mi maldita costumbre de fumar antes de irme a dormir. Estuve inconsciente por más de seis meses. Cuando abrí los ojos la vi a ella, casi una aparición bíblica. Una mujer morena, con sonrisa placida y unas manos suaves; muy suaves, como su modo de hablar.

Dumbar se quedó en silencio un instante, encendió un cigarrillo y continuó el relato.

– Era una enfermera, y dicen que me cuidó como nadie lo hubiera hecho durante tanto tiempo. Lo cierto es que me casé con ella y que con ella tuve un hijo. Conseguí un nuevo trabajo y vivimos más de cinco años en una pequeña casa que ella hacía parecer grandiosa. Un día se cansó de cuidarme y se fue lejos llevándose al hijo.
Yo no me atreví a comentar todo aquello más que con una mueca o el arqueo de mis cejas.

– Cuando estuve listo nuevamente, fui elegido representante de mis compañeros en el gremio. No pude dejarlos solos. Buscaba que me echen exigiendo lo imposible y eso fue peor. La patronal me decía a todo que sí y los muchachos se creían que yo era un héroe en vez de un simple suicida buscando que lo retiren del juego. Al final me pudieron desplazar, pero ya habían pasado cinco años más. De aquel tiempo fue la reunión en donde nos conocimos.

Sonreí como lo haría un espectador viéndose entrar en la película.

– Aquella noche llegué a mi casa y decidí hacer una nota. Un escrito ¿Entiende? Un suicidio sin dejar una nota no sirve. Bueno, no importa, la cuestión es que advertí que no había nadie en mi vida como para que leyera esas líneas. Así que escribí y se la lleve a un amigo que hacía mucho no veía. Él la leyó y me pidió que le diera unos días. Yo no estaba tan apurado, así que escuche el pedido.

Dumbar consumió el resto de tabaco que le quedaba y la brasa cayó al agua para apagarse en la oscuridad de la noche.
– Tres días después, este amigo, llego a mi casa para comentarme que mi especie de testamento inmaterial había sido leído por un editor que estaba muy interesado en que yo amplíe mis notas para ser compiladas en un libro.

Dumbar me miró con desgano y dio un repentino giro para quedar nuevamente de cara al río que ya no se distinguía del resto del paisaje nocturno.

– Y aquí estoy.

– ¿Hoy es el día?- le pregunté con cierto temor.

– ¿Hoy? Hoy no, imposible. Mañana tengo una reunión en una librería… El contrato… No sé, quizás después de terminar mi último libro…

– Bueno, me alegra. Digo, usted está bien ¿no?

– Estoy resignado. Sabe qué, ya estoy viejo. Quizás todos seamos suicidas resignados a que nos sorprenda la muerte.

Dumbar me dio la mano y se retiró con paso tranquilo bordeando el fluido constante de las luces que cruzaban el puente.

Quizás todo suicida justifique su acción en el miedo que causa la posibilidad de que la muerte lo sorprenda a uno. Puede que sea la única elección de vida que les quede a quienes en la vida no pudieron elegir nunca. Tal vez todo radique en la falsa fantasía de que la vida viaja por la ruta de las grandes decisiones y no por el camino angosto y polvoriento de las pequeñas elecciones.

Por unos minutos, así me quedé: mirando el río que ya no se veía, en el lugar preciso donde el señor Dumbar, hacía un instante, había estado, quizás, pensando cosas parecidas.

Besines de Colorines!

Hoy le he estado dando vueltas a un par de frases que parecen iguales, pero que no lo son: tener ilusión y estar ilusionado. Pensando en distintos aspectos de la vida, no es lo mismo estar ilusionado por algo, que tener ilusión por algo. Voy a intentar explicarme mejor: Cuando estás ilusionado, es un momento presente, estás, ahora, ilusionado con lo que estás haciendo, con lo que estás sintiendo, con lo que estás viendo….eres tú, en primera persona, el que está viviendo la sensación de ilusión, y esa ilusión está en ti, invadiéndote, llenándote, haciéndote sonreír, o simplemente, haciéndote sentir satisfecho con o por algo. La sensación de estar ilusionado yo la he vivido, y la he reconocido en algunas personas, y confieso que es una sensación estupenda, que te ilumina la cara al hablar y transmite ilusión a los demás. Mientras que tener ilusión, puede ser un momento futuro: tengo ilusión porque me toque la lotería, o por hacer un viaje, o por conseguir un buen trabajo, …. pero ¿qué es un buen trabajo?:¿aquél por el que tienes ilusión, o el que te hace estar ilusionado? Un buen trabajo es ¿aquél que te mueve a trabajar con ilusión, o el que te hace tener ilusión por trabajar? Creo que la ilusión es fundamental para realizar cualquier proyecto, tanto laboral, como personal, y esa ilusión, surge desde dentro de la persona, y tiene más fuerza que el mayor vendaval imaginable. Para mí, eso es estar ilusionado: superar casi todos los obstáculos que se crucen en tu camino, luchar por aquello en lo que crees y que te mueve. La ilusión que se tiene, suena más a una posibilidad, a un deseo, a una probabilidad,…esa ilusión es engañosa, porque no surge desde el interior, y te puede arrastrar hacia algo que realmente no deseas de verdad, engañado por la palabra ilusión, se llena de falsas apariencias, que tarde o temprano, dejan al descubierto la realidad, y no siempre, la ilusión poseída es acorde con nuestras expectativas. Tengo ilusión porque algún día me toque la lotería, (claro que, tendría que empezar, lo primero, a jugar), pero estoy ilusionada porque, tengo una vida por delante para tentar a la suerte, al menos en Navidad, y conseguir el anhelado premio. En la vida, considero fundamental estar ilusionado, y creo que no hay mejor motor para mover el mundo que la ilusión, (a parte, por supuesto, del amor), pero reconozco que esta sensación puede ser engañosa en ocasiones, y hacernos ver cosas que no son reales (de ahí la profesión de ilusionista). Así que, cuidado con esta traviesa palabra que en ocasiones nos hará llorar de alegría, por estar ilusionado, y en ocasiones, desengañados, nos hará derramar lágrimas por haber tenido ilusión en algo que….no se cumplió.

Me pregunto porque las mujeres somos tan tontas.

Yo lo seré para algunas cosas, eso seguro… pero para el tema de salir en las fotos no tengo ningún problema.

Los lunes termino de los nervios cuando me voy a encuestar a universitarios sobre distintos temas de actualidad. En general cuesta un poco que te contesten, pero los chicos siempre son más… uhmm… como diría… normales. En serio, normales. Te miran, contestan, sonríen, posan y se van. Tal cuales, sin más.

Pero las ninias… ay las ninias… es para darle dos bofetadas.
Que si jijiji que vergüenza, que si hay que salgo mu fea, que si noooooooo foto yo nooooooo que hoy no me he pintado y además tengo la reglaaaa (lease con voz de camionera)
Pero vamos a ver por favorrrrrrr que es una minifoto de la cara!! Os juro que en esos momentos les daba veinte collejas a cada una.
Y como encima te vayas a carreras como Derecho, ya echate a llorar.
Encima tengo que ponerles buena cara, decirles que no pasa nada y que muchas gracias con una cara de tonta que es fácil que cuando me gire piensen que soy tonta. Porque yo disimular lo llevo bastante mal.

En fin… educación, carácter, genética o que va a ser verdad que las mujeres somos tontas. Por favor, que alguien me demuestre que no…

Pa matarlas.

Cuento: Señor Amor Tímido

Nota de la Administradora del Blog: El texto pertenece a FABIAN SEVILLA. (Por favor Textu, no reproduzcas contenidos que no te pertenecen sin citar la fuente.)

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Archivaldo era muy pero muy tímido. Tanto que se pedía permiso para mirarse en el espejo. Estaba enamorado de una chica que viajaba en el mismo colectivo que él, de lunes a viernes, a la ida y vuelta del trabajo. Linda y de ojos tristones, se sentaba siempre hacia la ventana, en la séptima fila, de la Línea 60.
Él jamás le habló o la miró de frente. Fue todo un logro animarse a ocupar el asiento del pasillo junto a ella en cada viaje, de lunes a viernes de ida y vuelta del trabajo, en los últimos cinco años.
Una vez carraspeó la garganta para llamar su atención. Pero la chica ni lo escuchó. Siempre leía el diario, de ida y vuelta, de lunes a viernes, durante los últimos cinco años. Otra vez, Archivaldo quiso ofrecerle una pastilla, pero se puso tan nervioso que en una frenada las mentitas rodaron por todo el colectivo. Ella, leía. Ni lo notó.
Un día, el tímido enamorado sacó coraje y puso este aviso en la página 3 del diario:

A la chica de ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, en el asiento de la ventana de la 7º fila:
¿Tiene novio?

Firma: Señor Amor Tímido

La mañana siguiente, en el colectivo, esperó alguna reacción de su amada. Nada. Pero al otro día, Archivaldo encontró este aviso en la página 3 del diario:

Al Señor Amor Tímido:
No

Firma: La chica de ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, en el asiento de la ventana de la 7º fila.

¡Qué feliz se puso! Tanto que sopó el diario en el café con leche, se metió una medialuna bajo al brazo y así salió a la calle. El viaje fue como siempre: él en silencio, ella pegada a la lectura.
Al otro día, apareció este anuncio:

A la chica de ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, en el asiento de la ventana de la 7º fila:
¿Cómo se llama?

Señor Amor Tímido

Nuevamente, en el desayuno Archivaldo se desayunó con que se llamaba Margarita. Fue y publico esto:

¡Qué lindo! Como la flor

Señor Amor Tímido.

En la página 3 del diario del día siguiente, el tímido leyó:

Al señor Amor Tímido:
Si, ¿vio?

Aviso va, aviso viene, comenzaron a conocerse. En letras de molde se contaron cosas como la música que escuchaban, las películas que preferían, lo que habían comido ayer y cenarían hoy, el gusto compartido por los animales y los enanos de jardín, sus coincidencias sobre política, geografía o sabores de helados; también sus diferencias respecto a literatura, modelos de zapatos o si la ch es o no una letra.
Un lunes, tras ver de reojo que ella acariciaba el anuncio de aquel día, Archivaldo se animó. Le dijo como al pasar:
-¡Qué loco, no!
-¡Ajá! Loco, pero lindo.
Los avisos siguieron apareciendo, generando un efecto dominó inesperado. De pronto todas las chicas de ojos tristones de la ciudad creyeron ser la que de lunes a viernes viajaba en el 60, de ida y vuelta, contra la ventana de la 7º fila. Y cada vergonzoso solitario pensó que era el Señor Amor Tímido. Así, los que como Archivaldo gustaban de alguien se animaron y confesaron su amor. Las personas de ojos tristones estuvieron atentas a ver quién podía ser su amor tímido y descubrieron que siempre, alguien, las quería en secreto pero tenía vergüenza de decírselo.
Se formaron parejas. Los titulares anunciaban el crecimiento del índice de enamorados y el descenso del de tímidos y el de ojos tristones. En la página 3, seguían los avisos.
A esa altura, Archivaldo y Margarita ya conversaban en sus viajes. Ella le leía las noticias y él le daba su opinión. También hablaban de los anuncios. Que, ¿quiénes serían el Señor Amor Tímido y la chica de ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, hacia la ventana de la 7º fila? ¿Dónde vivirán? ¿Serán rubios, morochos, pelados, altos, bajos, gordos, flacos? ¿Se conocerían alguna vez?
Así, él ganó confianza y a ella, su habitual compañero de viaje comenzó a gustarle. Por eso, un día Archivaldo (y toda la ciudad), leyó el siguiente anuncio:
Al estimado Señor Amor Tímido:
Le ruego me disculpe, pero no puedo seguir con esto. Hay alguien que me gusta y no sería correcto avivar su ilusión. Espero me entienda.
Suya
La chica que ya no tiene ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, en el asiento de la ventana de la 7º fila.

La ciudad entera esperó con ansias hasta el otro día. En parques, bares, oficinas, esquinas y colectivos, se leyó:

A la querida chica que ya no tiene ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, en el asiento de la ventana de la 7º fila:
La entiendo. No tiene por qué disculparse. Espero que ese alguien que le gusta, la haga muy feliz. Hasta la vista.

Señor Amor Tímido

Los avisos dejaron de aparecer. Pero afortunadamente, los porcentajes de tímidos y ojos tristones se mantuvieron en el piso. Los de enamorados, estables.
Archivaldo ya no viajó en silencio. Margarita no se pegaba al diario. Iban y venían, de lunes a viernes, sentados en cualquier parte del colectivo o parados, pero tomados de la mano.
Sábados y domingos disfrutaban de su amor. Sin timidez.

Besines de Colorines!

¿Juguetes de adultos?

Los avances culturales han provocado un mayor uso de juguetes sexuales por parte de las mujeres y esto ha desencadenado la fabricación y el diseño de una amplia gama de vibradores con formas muy distintas al miembro masculino, mucho más atractivas a la vista y destinadas a satisfacer otras necesidades.

¿Sabrías distinguir estos juguetes de los juguetes infantiles? Compruébalo tu mism@ realizando este test.

Te sorprenderás.  🙂

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