Hay quehaceres que son un incordio, y por muy repetitivos que sean, no te acostumbras y se elevan a categoría de insufribles. Solo saber que tengo que enfrentarme a ellos y ya me salen sudores fríos por la espalda.
Tengo que hacer un ejercicio de mentalización impresionante para cumplir esas obligaciones tan sencillas como:
CAMBIAR LA FUNDA DEL EDREDON NÓRDICO:
Es sencillamente espantoso, ¿cómo lograrle a la primera vez? Que alguien me lo explique. Lo del edredón nórdico está que te cagas como concepto, porque te evita un gran trabajo en hacer camas, hasta allí todo impecable. Sus fundas suelen ser monísimas con colorines, dibujos étnicos, todo tipo de tendencias, vamos que te sirven para tematizar tu habitación, tipo selva, safari, cómics… Y si vas a IKEA siempre tendrás ofertas….
Pero a la hora de cambiarlas, te pones a temblar. Yo personalmente, después de repetidas intentonas, acabo sudando, mi boca echa mil tacos por segundo, y termino por llamar a mi hija quien desarrolló su técnica personal a cambio de una propina de 1€: Primero extiende la funda en el suelo, agarra una esquina del edredón y se mete dentro de la funda, reptando cual gusano de seda en su capullo, encuentra la esquina de la funda correspondiente, me pega la voz: “Mamáaaaaaa cógelo y date prisa que me asfixio”, yo raudal y veloz, le cojo el relleno y tiro como una descocida , enseguida repite la operación con la esquina de enfrente, y sale. Por fin sacudimos todo, levantando polvo que tendré que quitar de los muebles a continuación y acabamos la dos reventadas encima del edredón…
FORRAR LOS LIBROS DEL COLEGIO:
Cada vuelta al cole, además de sufrir el inaguantable anuncio del C.I., desde el mes de agosto, tu entrañable retoño vuelve con 20 libros y cuadernos y la nota del profe con “Se ruega entregar mañana todos los libros convenientemente forrados y etiquetados, nos deben 250€, gracias y feliz curso”. En este momento es cuando me planteo largarme otra vez de vacaciones, cualquier otro lugar es mejor que el salón de mi casa, plagado de libros. Tienes dos opciones: la primera el rollo de plástico transparente que se paga con celo, la segunda el adhesivo. Y doy fe que no hay opción buena.
Primero porque carezco por completo de visión de espacio o como se llame esta facultad de poder medir sin regla, vamos a ojo. Es más, si algún desaprensivo me pregunta cuanto le queda para llegar a un punto, siempre contesto unos 100m luego cuando hago el mismo recorrido en coche pienso en este pobre individuo y en lo largo que se le debió hacer el camino. Desde hace un tiempo, he optado por contestar en paradas de autobuses, el Al Campo, tres paradas, el estanco, una. Algunos lo entienden, otros me miran turbados y se va corriendo…
Así que mientras voy cortando el plastique, la que se queda corta soy yo y con 200m de foro consigo a duras penas forras cinco libros y siempre siempre se agota el rollo de celo. En esos momentos cambiaría mi vida por la de Eduardo Manostijeras. Lo del adhesivo es peor, porque acabo con los dedos inútiles por culpa de la cantidad de trozos pegados a ellos, y cuando por fin consigo terminar un cuaderno, ya empiezan las protestas: “Jo mamá, si están todo lleno de burbujas; cállate niña que son muy divertidas de petar; Sí pero no me deja el profe”. Así que para evitar gritos y llantos, llamo rápido a mis padres y les encargo 50 fundas hechas (que no sé por qué se encuentran el los Carrefoures Belgas que no en los españoles, allí fallo la globalización, solo por joderme) y me las manden urgentemente por TNT a cuenta de la empresa. Y yo con el resto del adhesivo puedo quitarme los pelos de las piernas. Duele menos que la tiras de cera, probarlo….
FREGAR LOS TENEDORES
Tengo que decir que desde que mi C se decidió hacer obras en casa, tengo un lavajillas, O maravilla de la técnica.
La Irma, que puede ser envidiosa, y se gastó el dinero del suyo en baratijas me dijo: “total, con lo poco que cocinas, no va a ser rentable”, tengo añadir desde este último post que me aprendí un par de recetas más para ampliar mi reducido abanico y que me salen bien.
Pero los tenedores son unos puñeteros y entre su garras, siempre quedan restos (es que en mi familia lo de aclarar después de las comidas, lo llevamos mal). Los granos de arroz que deben de llevarse bien con los tenedores, se suelen resistir mucho en abandonar tan grata compañía y tengo que volver al Scotch Briiiiiiiiite, no puedo estar sin él. Y dale que te friego. Adiós uñas bonitas…..
En fin la vida está llena de cosas que nos agradan o menos, pero de vez en cuando ¡Qué bien nos vienen estas puñetitas para poder refufuñar a gusto y descargar tensiones!
Y a vostr@s ¿qué es lo que os pone frenéticos?